sábado, 3 de septiembre de 2011

Encontrando (o no) a Dios en la cosmología moderna (parte VI y última): Conclusión


4. Conclusión

Hemos visto distintos argumentos basados en la cosmología actual, tanto a favor como en contra de la existencia de Dios. Estos argumentos, como ya se ha comentado, no son pruebas, al menos en el sentido científico de la palabra, ya que la búsqueda de Dios va más alla de la física, perteneciendo al terreno de la metafísica. Como bien dice Polkinghorne, "¿Es el universo producto de un diseño? (…) La ciencia por sí misma no va a darnos la respuesta a esta pregunta, ni positiva ni negativa. La razón que explica esto es simple. La cuestión del diseño es una cuestión metafísica, una cuestión que va ´más allá de´ (meta) la física, y por tanto las cuestiones metafísicas deben recibir respuestas metafísicas, estas obtenidas mediante razonamiento metafísico. La física - o la ciencia en general - acota a la metafísica, pero no la determina, del mismo modo que los cimientos de una casa acotan lo que se puede construir sobre ellos, pero no determina la forma del edificio."[1] Por tanto, nos debemos tomar estos argumentos como indicios que pueden decantar la balanza hacia lo que pueda parecer más razonable, siempre acotando este conocimiento gracias a los últimos descubrimientos científicos.

Por un lado, dentro de los argumentos a favor de la existencia de Dios, estos propugnan que el teísmo, a diferencia de otras respuestas metafísicas sobre el origen del universo, es una respuesta coherente, con una heurística mayor que otras respuestas (como la respuesta ateísta). Esta heurística mayor es fruto, según sus propios autores, del poder lograr una verdadera teoría del todo que toma la experiencia personal tan seriamente como la impersonal, pudiendo así no solo responder coherentemente a las preguntas planteadas desde el mundo físico, sino también dejar satisfecho al hombre en su búsqueda del sentido de la vida y del universo (teleología), dando una respuesta a la futilidad cósmica a través de un creador cuyos propósitos no sean frustrados por la muerte.

Ante esto, los que argumentan en contra de la existencia de Dios, arguyen que la explicación natural es perfectamente coherente, no haciendo necesario el concepto de Dios para explicar nada más. Creen que el peso de la prueba, o al menos de los indicios, corresponde a los teístas, y ellos se limitan a, por un lado, rebatir los argumentos a favor de la existencia de Dios que proclaman los teístas, y por otro, a convencer que Dios no es un componente necesario de una teoría que explique el universo, al albur de los nuevos datos científicos que van surgiendo.

Lo particularmente curioso en este campo de la relación de la cosmología moderna con Dios es que ambos "bandos" usan los mismos argumentos, argumentos todos con cimientos construidos en la física, siguiendo la analogía de Polkinghorne citada anteriormente. Es interesante ver como los grandes pensadores en filosofía cosmológica (muchos de ellos con una formación científica) baten y se rebaten sobre la existencia de Dios utilizando siempre los mismos argumentos, pero enfocándolos desde otro punto de vista diferente. Un ejemplo paradigmático de ello es el del uso del argumento del ajuste fino o del principio antrópico, tanto por Oberhummer o Auping a favor de la existencia de Dios, como por Ikeda y Jefferys en contra de ella, que ya tratamos en el trabajo.

Esto me inclina a pensar que el énfasis de la demostración de la existencia (o no) de dios nace a priori del estudio de los argumentos, que son presentados a posteriori para justificar la tesis del autor, siendo esta tesis un dogma de fe, o si se quiere, una postura metafísica no lo suficientemente justificada. Incluso se han dado casos en la historia reciente, como por ejemplo el del modelo del Universo del Estado Estacionario de Hoyle, Bondi y Gold, donde las críticas a los modelos contrarios parten de la metafísica más que de la física en sí. Así, podemos ver como el propio Fred Hoyle, en su crítica a la teoría del Big Bang, deja entrever en cierto sentido que una de sus motivaciones para proponer la teoría del universo del estado estacionario[2] fuera la de inferir que la teoría del Big Bang tenía motivaciones religiosas, con su frase "¿qué clase de teoría científica es esta que fue concebida por un cura y respaldada por un papa?"[3]

Otra curiosidad de este campo es el hecho de que la definición de las características de Dios ha ido cambiando según les convenía a los ponentes, por un lado, y por otro, según los descubrimientos realizados. Así por ejemplo, cuando hemos visto que en un modelo multiverso no sería necesaria la existencia de un Dios, resolviendo los problemas del origen y del ajuste fino, autores como Auping[4] nos dicen que se puede pensar que es precisamente Dios el creador del multiverso, sirviéndose de la aleatoriedad y la ley de los grandes números para poder crear algún (algunos) universo(s) donde exista la vida. Y es que la definición de las características de Dios o de Dios mismo puede ser tan extensa como lo requiera la situación a justificar. Sin embargo, parece haber un límite que tanto ateístas como teístas no están dispuestos a cruzar. Ambos sitúan a Dios en el ámbito metafísico, y proponen una metafísica acotada por la ciencia. Podemos ver en este sentido la grandísima evolución filosófica que ha supuesto la revolución científica, propiciando un terreno común de acuerdo entre ambos bandos de la discusión metafísica, que obligatoriamente tienen que encontrarse mirando los mismos desarrollos y resultados que los científicos dedicados a la astronomía-cosmología estén realizando. Este punto común de partida en la física (en general, en la ciencia) sugiere que tanto unos como otros, independientemente de sus dogmas metafísicos, consideran la disciplina de la física lo suficientemente importante como para creer que están tratando con algo no demasiado lejano de la verdad. Como conclusión final, me quedo con una frase extraída de una canción de Frank Zappa: "It´s not getting any smarter out there. You have to come to terms with stupidity, and make it work for you". Creo que continuaremos haciendo esto, en uno y otro bando, durante bastante tiempo.


[1] Polkinghorne (2001) p. 175
[2] Maqueda Martín (2011) Para un comentario más extenso de la teoría del estado estacionario y sus implicaciones filosóficas.
[3] Gonzalo (2005) p. 6 - Se refería al Papa Pío XII, el cual, al corriente de la seria consideración que muchos científicos
habían dado a la teoría de la Gran Explosión, dijo "La verdadera ciencia, cada vez más, descubre a Dios como si Dios estuviera esperando tras cada puerta que la ciencia abre".
[4] Auping (2009) pp. 486-511 para ver en más profundidad la tesis de que Dios debe estar detrás de los modelos multiversos si se quiere que estos sean coherentes.

Bibliografía

Auping Birch, J. (2009) Una revisión de las teorías sobre el origen y la evolución del universo, física, metafísica, ciencia ficción y (a)teología en la cosmología antigua y moderna. México D.F., Ed: Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Recuperado el 22-05-2011 de http://www.uia.mx/web/site/tpl-Nivel2.php?menu=mgPublicaciones&seccion=puOrigenuniverso.

Gonzalo, J. A. (2005) Inflationary Cosmology Revisited. An Overview of Comtemporary Scientific
Cosmology After the Inflationary Proposal. Singapur, Ed. World Scientific Publishing



Maqueda Martín, E. (2011) Comentario de Texto número 3 sobre un texto de H. Bondi. Asignatura Pensamiento Cosmológico, Máster de Filosofía Teórica y Práctica. UNED. Recuperado el 18-5-2011 de http://mifilosofiacasera.blogspot.com/2011/05/universo-del-estado-estacionario-de.html

Polkinghorne, J. (2001) Understanding the Universe. En: Annals of the New York Academy of Sciences, Volume 950, Cosmic Questions, pp. 175-182. Recuperado el 28-05-2011 de http://www.scribd.com/doc/31502694/JOHN-POLKINGHORNE-Understanding-the-Universe



Encontrando (o no) a Dios en la cosmología moderna (parte V): El hombre y su deseo de dios, argumentos en contra


3. El hombre y su deseo de dios, argumentos en contra

Veremos en esta sección los contraargumentos de los ateístas a los argumentos vistos en la sección anterior. Como en otras ocasiones se ha hecho tanto en ciencia como en filosofía, muchas de las soluciones propuestas por estos filósofos son en realidad convertir el problema planteado en pseudo-problema, eliminando así su posible respuesta o reflexión. Terminaremos la sección con un modelo natural que tiene la habilidad de superar todos los problemas planteados desde la teología, pero usando un punto de vista naturalista. Este modelo no es otro que el del multiverso.

3.1 El problema del origen de Grunbaum[1]

Decía Kuhn en su revolucionario (valga la redundancia) libro La estructura de las Revoluciones Científicas, que una forma válida de resolver un problema es cambiar el paradigma desde el cual se evalúa ese problema hasta hacerlo innecesario, es decir, convertir un problema en un pseudo-problema[2]. Brillantes ejemplos de esto los hemos tenido en los comentarios de texto anteriores de la asignatura con la resolución del problema de los planetas del universo de las dos esferas por parte de la cosmología copernicana y la resolución del problema de la acción a distancia de Newton por parte de la cosmología relativista.

El autor en este caso analiza el argumento del origen, planteándolo en su forma original en modo de premisa y conclusión. Dado que todo tiene causa, podemos deducir que el universo físico como un todo tiene un principio hace un tiempo finito, como resultado de un acto de creación de la nada por parte de una causa consciente externa. Y esta causa externa, siguiendo la tradición teológica, la llamamos Dios.

Grunbaum analiza lo que él considera como las falacias más comunes cuando nos encontramos con el problema del origen:

  • En el caso de la premisa, hablamos de causa en el sentido físico del término, causas que conducen a transformaciones de materia o energía y que son bien estudiadas y conocidas por la ciencia, y que en ningún caso implican la creación de materia o energía ex nihilo. En el caso de la conclusión, esta causa consciente externa, identificada en Dios por la tradición teológica, necesita el requisito de la creación de la nada, ya que es el total del universo lo que se debe crear. Independientemente de que la creación sea del universo físico en sí o bien de las condiciones iniciales que posibiliten una creación (la creación de las leyes físicas y condiciones de contorno), en ambos casos debería darse una causa que crea ex nihilo. Dado que el concepto de causa usado en la conclusión del argumento del origen es distinto al concepto de causa usado en la premisa, no se puede inferir deductivamente la conclusión de la premisa.
  • No existe ninguna prueba que nos indique a pensar que una cadena causal tenga que ser finita. La aserción gratuita de que la causalidad requiere una causa incausada induce a la conclusión de que el universo debe tener un primer instante de tiempo, en vez de proyectar un pasado en el que cada instante tenga un predecesor temporal. Pero la causalidad es lógicamente compatible con cadenas de causas físicas que se extiendan indefinidamente en el tiempo.
  • Cualquier hipótesis que sobrepase todo nuestro entendimiento no tiene simplemente significado para nosotros, y no puede ser ofrecida como una explicación causal. Si, como proclaman algunos teólogos, la creación de la nada está fuera del entendimiento humano, entonces la hipótesis de que así ocurriera no puede explicar nada en absoluto.

Pasemos ahora, teniendo en cuenta esto, el problema del origen a la luz de la Teoría del Big Bang, en su versión clásica o pre-cuántica. En la versión cuántica, la teoría también resuelve el problema del origen, como veremos en la sección titulada El Dios no necesario de Hawking. Otra teoría en cierta forma derivada del Big Bang que también resuelve estos problemas es la del multiverso, que también veremos en su correspondiente sección más adelante (El multiverso como modelo heurístico superior).

Si los teólogos toman el modelo del Big Bang como verdadero, preguntas del tipo ¿qué pasó antes del instante t=0?¿qué causó que la materia fuera creada en t=0?, etc. carecen de sentido, ya que niegan la base fundamental de la teoría, que descansa sobre el principio de conservación de la materia y la energía. Tampoco se puede hablar por tanto de un t=0 como un instante en el que se anulan las leyes y principios de la física. Por tanto, al no existir instante t=0, tampoco podemos hablar de creación de materia ex nihilo, ya que la materia ha existido siempre, entendiendo siempre como cualquier momento donde exista verdaderamente el tiempo (es decir, t>0).

3.2 El principio antrópico de Ikeda y Jeffreys[3]

Hemos visto en la sección sobre el ajuste fino (el mismo problema que el principio antrópico o el diseño inteligente, como ya vimos) de las constantes de la física es un indicio del origen supernatural del universo para muchos autores. Ya que el rango que toman estas constantes es muy pequeño, y que estos valores son necesarios para la existencia de vida, y de que existe esa vida, podríamos llegar a pensar que la probabilidad de que el universo existiera precisamente con estos valores que posibiliten la vida sería tan pequeña que tendríamos que buscar una causa supernatural para explicar su origen. Sin embargo, Ikeda y Jeffreys se oponen a este argumento dándole la vuelta a la tortilla, y nos dicen que no solo no hace falta una causa supernatural, sino que la existencia de un ajuste fino del universo (esto casi nadie lo discute, como vimos) solo puede darnos indicios de precisamente lo contrario, es decir, de que no hay ninguna causa supernatural.

Para ello parten de tres premisas:

  1. Nuestro universo existe y contiene vida.
  2. Las condiciones de nuestro universo son tales que permiten o son compatibles con la existencia de vida de forma natural.
  3. La vida no puede existir en un universo solo gobernado por leyes naturales, a menos que este universo tenga condiciones que permitan esta vida.

Ante ello, existen dos posibilidades. O bien (2) es falsa, por lo tanto como (1) y (3) son verdaderas, deberíamos buscar la razón del ajuste fino y de la vida en una causa externa y consciente, llamado Dios, fuera de las leyes naturales. Por el contrario, si (2) es verdadera, siendo (1) y (3) también verdaderas, las condiciones de nuestro universo son por definición tales que permiten la vida, y no existe la necesidad de buscar el ajuste de estas condiciones por un agente externo.

Sin embargo, estamos cayendo en una falacia de la probabilidad. Estamos asumiendo que el hecho de que el universo exista y contenga vida es algo probabilístico, cuando en realidad sabemos que es un dato. Por otro lado, no conocemos el universo total de sucesos, es decir, no sabemos cuantos universos con distintas constantes existen, ni sabemos cuantos intentos anteriores de universos existieron, que cumplían o no cumplían con la condición (1). Sin tomar en cuenta estos dos puntos, todo análisis probabilístico carece de sentido, o conlleva unos márgenes de error bastante grandes. Se cae en este sentido en la conocida como falacia de la escalera de color, que nos dice que:


(A) Tengo una escalera de color.
(B) Voy a ganar la mano al póquer.

Vemos como la probabilidad de ganar con una escalera de color cualquier mano de póquer es prácticamente nula (es decir P(A/B) es casi cero, ya que la gran mayoría de las manos en póquer se ganan con jugadas que no son la escalera de color. Sin embargo, podemos comprobar que P(B/A) es prácticamente 1, es decir, que en el caso de tener en nuestra mano una escalera de color, se puede prácticamente decir que hemos ganado esa mano concreta. Justamente esto es lo que hacemos con el ajuste fino del universo, decimos que la probabilidad de que el universo existiera y contuviera vida es muy pequeña, y como la probabilidad de ello es pequeña, creemos que también es pequeña la probabilidad de que se den las condiciones para ello. Sin embargo, ya vivimos en un universo que existe y que contiene vida, es decir, como esta condición ya está aceptada, cumplir la condición de que la probabilidad de que se den las condiciones para que exista la vida son muy grandes es prácticamente trivial. Por tanto, queda demostrado que el principio antrópico es una falacia.

3.3 El Dios no necesario de Hawking

Veamos ahora la opinión de uno de los físicos teóricos más prominentes del siglo XX. No hablamos de otro que Stephen Hawking, con varias contribuciones importantes a la Teoría de la Relatividad de Einstein y al entendimiento de los agujeros negros vistos bajo el prisma de la Teoría Cuántica y la Teoría de la Relatividad, demostrando que pueden emitir radiación.

Como muchos de los grandes hombres de ciencia, también tiene opiniones metafísicas sobre el universo. Sin embargo, es curioso la evolución de la idea de Dios en Hawking, puesto que mientras más información tenía acerca de las condiciones iniciales del universo, más disminuían las posibilidades de la existencia de Dios para él. Así, en Breve historia del tiempo escribía: “(...) si descubrimos una teoría completa, con el tiempo habrá de ser, en sus líneas maestras, comprensible para todos y no únicamenta para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y la gente corriente, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el universo y por qué existimos nosotros. Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios.[4]. Hawking nos presentaba en 1988 (año del libro original) un conocimiento del universo incompleto, en búsqueda de una teoría del todo. En él no descartaba un Dios que hubiera creado las leyes por las cuales se rige el universo, aunque descartaba una intervención divina posterior.

Sin embargo, Hawking siguió contribuyendo al conocimiento físico e informándose de los desarrollos de otros, y año tras año su mensaje se podía entender como cada vez más ateísta. Así hasta llegar a  su último libro, El gran diseño, donde Hawking nos dice que la humanidad ya ha encontrado la teoría del todo que andábamos buscando, la (todavía muy especulativa) teoría M, ocupando el hueco de duda que había sobre la existencia de Dios. Vemos que para Hawking “(...) como hay una ley como la de la gravedad, el universo puede ser y será creado de la nada (...). La creación espontánea es la razón por la cual existe el universo. No hace falta invocar a Dios para encender las ecuaciones y poner el universo en marcha. Por eso existe algo en lugar de nada, por eso existimos (...) La teoría M es la teoría unificada que Einstein esperaba hallar. El hecho de que nosotros, los humanos – que somos, a nuestra vez, meros conjuntos de partículas fundamentales de la naturaleza -, hayamos sido capaces de aproximarnos tanto a una comprensión de las leyes que nos rigen a nosotros y al universo es un gran triunfo. Pero quizás el verdadero milagro es que consideraciones lógicas abstractas conduzcan a una teoría única que precide y describe un vasto universo lleno de la sorprendente variedad que observamos. Si la teoría es confirmada por la observación, será la culminación de una búsqueda que se remonta a más de tres mil años. Habremos hallado el Gran Diseño.”[5]Hawking propone apostar por una de las teorías cuánticas del universo, la teoría M, la cual resuelve todos los problemas tratados anteriormente. El único problema de esta teoría es que no está lo suficientemente probada.

Es otra teoría cuántica que resuelve todos los problemas descritos anteriormente. Nuevamente, como pasaba con la teoría M, el problema es que no se ha verificado experimentalmente (aunque en la actualidad se están empezando a encontrar experimentos teóricos que posibilitarían su falsabilidad). Esta teoría del multiverso está encuadrada dentro de la teoría del Big Bang inflacionario, creada a principio de los ochenta por el físico Alan Guth. Este modelo añade a las características del Big Bang clásico una última característica, que nos dice que en sus épocas primordiales, el universo soportó oscilaciones acústicas. Es decir, se expandió de una forma mucho más rápida de lo que lo hace ahora. Esta enorme tasa de expansión proviene de pequeñas regiones de falso vacío, que de acuerdo a teorías cuánticas de campos, presentarían un efecto gravitatorio repulsivo que resulta de una combinación de las propiedades peculiares de este falso vacío y de las ecuaciones de la Relatividad General[6].

En este contexto, se nos presenta una teoría con una explicación completamente naturalista del universo, sin lugar para un creador. Así, el ajuste fino de las constantes naturales fueron fruto del azar a medida que el universo se expandía. Esta expansión del universo provocó diferentes burbujas o universos completamente independientes los unos de los otros. Simplemente tenemos la suerte de vivir en uno de estos universos donde las constantes son propicias para el desarrollo de la vida. Al conjunto de estas burbujas o universos diferentes, paralelos y extraños entre sí que conforman el universo se le llama multiverso[7].

Vemos que esta teoría nos da solución tanto al problema del origen como al de la racionalidad matemática del universo, al provenir ambos del azar generado en la expansión. También nos resuelve el problema del diseño o principio antrópico de la forma que apuntaban Ikeda y Jefferys, es decir, haciendo que el universo de sucesos sea tan grande que el hecho de tener constantes que permitan el desarrollo de la vida es un mero hecho estadístico.

Así, este multiverso presenta una heurística superior a todos los modelos anteriores, ya que no solo explica y resuelve los problemas planteados por los teólogos y los científicos de manera satisfactoria, sino que lo hace de una manera naturalista sin tener que apelar a la intervención divina. Tanto es así que el físico Lee Smolin[8] propone que esta teoría del multiverso es el equivalente cósmico de la teoría de la evolución de Darwin, en el sentido que, aunque los argumentos de Ikeda y Jefferys sobre el principio antrópico lo destierran desde un punto de vista lógico, el ser humano necesita completar el vacío que supone la invalidez de una teoría con otra explicación positiva que la resuelva.


[1] Grünbaum (1989) para su interesante artículo completo, cuya postura resumo en esta sección.
[2] Kuhn (1975) pp. 41-42
[3] Ikeda & Jefferys (1997) para su artículo completo, cuya postura resumo en esta sección.
[4] Hawking (1993) p. 224
[5] Hawking & Mlodinow (2010) pp. 203-204
[6] Hernández (1999)
[7] Gonzalo (2005) para una ampliación detallada del Big Bang inflacionario y la teoría del multiverso.
[8] Smolin & Susskind (2004)
[9] Polkinghorne (2001) p. 175
[10] Maqueda Martín (2011) Para un comentario más extenso de la teoría del estado estacionario y sus implicaciones filosóficas.
[11] Gonzalo (2005) p. 6 - Se refería al Papa Pío XII, el cual, al corriente de la seria consideración que muchos científicos
habían dado a la teoría de la Gran Explosión, dijo "La verdadera ciencia, cada vez más, descubre a Dios como si Dios estuviera esperando tras cada puerta que la ciencia abre".
[12] Auping (2009) pp. 486-511 para ver en más profundidad la tesis de que Dios debe estar detrás de los modelos multiversos si se quiere que estos sean coherentes.

Bibliografía

Auping Birch, J. (2009) Una revisión de las teorías sobre el origen y la evolución del universo, física, metafísica, ciencia ficción y (a)teología en la cosmología antigua y moderna. México D.F., Ed: Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Recuperado el 22-05-2011 de http://www.uia.mx/web/site/tpl-Nivel2.php?menu=mgPublicaciones&seccion=puOrigenuniverso.


Gonzalo, J. A. (2005) Inflationary Cosmology Revisited. An Overview of Comtemporary Scientific
Cosmology After the Inflationary Proposal. Singapur, Ed. World Scientific Publishing


Grünbaum, A. (1989) The Pseudo-Problem of Creation in Physical Cosmology. Philosophy of
Science, Vol. 56, nº 3, Septiembre 1989, pp. 373-394. Recuperado de

Hawking, S. (1993) Historia del tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros. Barcelona, Ed. RBA Editores.

Hawking, S. & Mlodinow, L. (2010) El Gran Diseño. Barcelona, Ed. Crítica S.L.

Hernández, P. J. (1999) El argumento del diseño y el principio antrópico. En: El Escéptico, nº 9, verano 2000. Recuperado el 11-05-2011 de http://astronomia.net/cosmologia/antropico.htm.



Ikeda, M. and Jefferys, B. (1997) The Anthropic Principle Does Not Support Supernaturalism. En The Improbability of God, pp. 150-166. Recuperado de  http://quasar.as.utexas.edu/anthropic.html  el 1-6-2011.


Kuhn, T.S. (1975) La estructura de las revoluciones científicas. Madrid y México, Ed. Fondo de Cultura Económica.

Maqueda Martín, E. (2011) Comentario de Texto número 3 sobre un texto de H. Bondi. Asignatura Pensamiento Cosmológico, Máster de Filosofía Teórica y Práctica. UNED. Recuperado el 18-5-2011 de http://mifilosofiacasera.blogspot.com/2011/05/universo-del-estado-estacionario-de.html


Polkinghorne, J. (2001) Understanding the Universe. En: Annals of the New York Academy of Sciences, Volume 950, Cosmic Questions, pp. 175-182. Recuperado el 28-05-2011 de http://www.scribd.com/doc/31502694/JOHN-POLKINGHORNE-Understanding-the-Universe


Smolin, L. & Susskind, L. (2004) Smolin vs. Susskind: The Anthropic Principle. En: Edge, The Third Culture, on 18-08-2004. Recuperado el 6-6-2011 de http://www.edge.org/3rd_culture/smolin_susskind04/smolin_susskind.html



jueves, 14 de julio de 2011

Encontrando (o no) a Dios en la cosmología moderna (parte IV): La racionalidad matemática del universo


“El hecho mismo de que la totalidad de nuestras experiencias sensoriales sea tal que puede ser ordenada por medio del pensamiento (operaciones con conceptos, y la creación y uso de relaciones funcionales definidas entre ellos, y la coordinación de las experiencias sensoriales con estos conceptos), este hecho es algo que nunca entenderemos. Uno puede decir que ´El eterno misterio del mundo es su comprensibilidad´”
Einstein. A. (1936) pp. 313-347

Al igual que en los casos anteriormente expuestos, la relación entre las matemáticas y la realidad es un tema bastante antiguo. Sin embargo, ha necesitado del desarrollo de la rama probabilística de las matemáticas y de la mecánica cuántica para que se actualizara y tomara forma como argumento moderno.

Considerando la física pre-cuántica, la gran probabilidad de un suceso es suficiente para que ocurra, sin embargo las bajas probabilidades requieren de alguna justificación especial. En la teología natural clásica, esta justificación especial venía siempre apelando a la acción directa de Dios, obteniendo así al Dios de los huecos, es decir, un Dios solo necesario para explicar lo que no era posible explicar por medios naturales[2]. Sin embargo, esto cambió con la llegada de la mecánica cuántica, donde la estructura en la cual los procesos cuánticos ocurren (el espacio de Hilbert) se revela de naturaleza probabilística. Desarrollos posteriores en la teoría del caos han demostrado que no solo se pueden mostrar los efectos de la teoría cuántica en escalas pequeñas, sino que estos se extienden en todo el universo, incluyendo el mundo macroscópico. Este hecho sin duda tiene repercusiones teológicas, entendiendo la aleatoriedad y la probabilidad no como un competidor de Dios, o como los huecos que este debe completar, sino como la herramienta con la que Dios pudo crear el mundo. Sin embargo, estos huecos siguen existiendo, ya que al no haberlos, no habría espacio para un creador (habríamos dado con la ansiada Teoría del Todo que tan afanosamente buscan los científicos).

Lo que no sabemos es si el carácter probabilistico de la mecánica cuántica se debe bien a una propiedad innata de la Naturaleza o a un sesgo cognitivo humano fruto del proceso evolutivo. Coyne y Heller apuestan por una solución a medio camino, distinguiendo de ese modo entre dos tipos de huecos. Por un lado, huecos espurios, que son lagunas del conocimiento humano provocadas por sesgos o información incompleta, que serán completados con el tiempo cuando la ciencia desarrolle esos campo y cubra esos huecos. Por otro lado, existen huecos genuinos, huecos que son innatos a la Naturaleza, sin respuesta en ella y cuya mejor explicación es la acción de Dios. Coyne y Heller identifican tres clases de estos huecos genuinos.

  • Hueco ontológico: es el hueco del vacío a la pregunta Leibniziana ¿por qué existe algo en vez de nada? Aún cuando dispusieramos de una Teoría del Todo, siempre quedaría la duda de cómo esa teoría fue implementada, quién diseño las ecuaciones que llevaron a la creación.
  • Hueco epistemológico: ¿por qué es comprensible el mundo? La ciencia supone la inteligebilidad del mundo, pero como bien saben los filosofos de la ciencia, la inferencia deductiva está lejos de ser una explicación lógica completa.
  • Hueco axiológico: conectado con el sentido y valor de cada cosa que existe. Si el universo está impregnado de sentido y valor, y tiene un fin en sí mismo, este fin escapa a la ciencia.

La perspectiva teleológica resuelve estos tres tipos de huecos, ya que existencia, racionalidad, inteligibilidad y teleología son distintas caras de la misma moneda.



[1] Coyne & Heller (2008) para un desarrollo más amplio de esta sección.
[2] Soler Gil (2005) pp. 157-177 para una ampliación sobre el Dios de los huecos.


Coyne, G. & Heller, M. (2008) A comprenhensible universe. The interplay of Science and Theology. New York, Ed. Springer.
Soler Gil, F. J. (2005) Dios y las cosmologías modernas. Madrid, Ed. Biblioteca de Autores Cristianos.

miércoles, 6 de julio de 2011

Encontrando (o no) a Dios en la cosmología moderna (parte III): El principio antrópico

Veamos ahora uno de los argumentos más utilizados por los teístas para defender la existencia de Dios con bases cosmológicas: el ajuste fino del universo.

“Uno de los más sorprendentes descubrimientos de las ciencias naturales modernas es la relación entre los
valores de las constantes físicas fundamentales, que determinan nuestro Universo, y la existencia de vida.
Nunca habría pensado que los descubrimientos de la astrofísica y cosmología modernas pudieran tener algún significado para disciplinas tan lejanas como la filosofía y la teología (...). Este significado y sus efectos,de que la investigación física moderna mani!estamente tiene para otras disciplinas del saber, derivan sobre todo del hecho de que los valores de las constantes físicas fundamentales en el Universo parecen ajustadas y favorecidas de tal manera que hacen siquiera posible la existencia de la vida. Si el valor de no pocas constantes de la naturaleza fuera diferente del que tiene en nuestro Universo, habría surgido un Universo muerto y estéril, sin vida. Esta circunstancia se conoce como “Fine-tuning Cosmológico” en las ciencias naturales; “Principio Antrópico” en la filosofía y pertenece para los teólogos al capítulo del “Diseño Inteligente” (...) Para mí, los nombres “Fine-tuning Cosmológico”, “Principio Antrópico” y “Diseño Inteligente” son a final de cuentas solamente diferentes concepciones y explicaciones del mismo fenómeno.”
Oberhummer (2008) pp. 139-140

Tal como nos dice Oberhummer, y tal como pasaba también en el problema del origen visto en la sección anterior, este problema del ajuste fino es también uno de los problemas repetitivos de la filosofía, y se conoce con varios nombres según la disciplina que lo estudia. Bien hablemos de ajuste fino cosmológico en ciencias naturales, Principio Antrópico (fuerte y débil) en filosofía o Diseño Inteligente en teología, la pregunta es: ¿existen razones para creer que hay un ser inteligente que entiende los efectos producidos por la interacción de los diferentes elementos del universo gobernados por una serie de leyes y constantes universales, de tal forma que haya podido ajustar estas leyes y constantes para la obtención de unos resultados concretos en el universo?

La mayoría de los científicos (teístas o ateístas) no discuten el hecho del ajuste fino en sí, es decir, constantes y leyes cosmológicas que adquieren unos valores que hacen que sea posible el desarrollo de la vida[1]. Entre otros ejemplos de estas variables ajustadas tenemos[2]:

1. El valor inicial de en el Big Bang permitió la formación de estrellas y galaxias en el Universo;
2. La producción y preservación de protones en el Big Bang permitió que hayan surgido átomos estables;
3. La fusión nuclear en estrellas de larga duración y tamaño del Sol fue posible por las relaciones de fuerza relativa de las fuerzas gravitacional, electromagnética y nuclear;
4. El valor exacto de la fuerza nuclear fuerte previno el desastre diprotón e hizo posible el inicio de la fusión nuclear en las estrellas;
5. La existencia de un estado ‘excitado’ de carbono permitió la resonancia nuclear en la fusión de berilio y helio, y la consecuente producción de carbono; y la falta de resonancia nuclear en la fusión de carbono y helio, permitió que no todo el carbono se transformara en oxígeno;
6. La relación exacta entre la constante de acoplamiento gravitacional αG, la constante de acoplamiento electromagnético α y la relación de masas β, permitió que hayan surgido sistemas solares con planetas;
7. El hecho de que el Universo tiene tres dimensiones espaciales permitió la existencia de órbitas planetarias estables;
8. La relación relativa de las masas del neutrón, protón y electrón, y la relación de fuerzas relativa de la fuerza nuclear fuerte, nuclear débil y electromagnética permitieron la existencia de átomos estables y moléculas complejas;
9. El valor inicial de la cantidad de materia-energía y la inmensidad del Universo permitieron que la coincidencia altamente improbable de un conjunto de circunstancias especiales, necesarias para que emerja vida compleja en algún sistema solar, se diera por lo menos una vez.

Lo que proponen los autores[3] que endorsan el argumento del ajuste fino no es la existencia de estos fenómenos, sino la interpretación de que estos provienen de una acción inteligente, que ha ajustado esos valores para la creación de un universo tal y como lo conocemos (incluyendo, por supuesto, al ser humano, es decir, a nosotros mismos como parte del universo). En otras palabras, el rango de valores de las constantes anteriores para los cuales la vida en el universo es posible es tan pequeño que la probabilidad de que nuestro universo apareciera a causa del azar es tan pequeña que deberíamos buscar una explicación supernatural a su origen (es decir, una causa inteligente).

Veamos ahora un desarrollo histórico del concepto del argumento del diseño-principio antrópico-ajuste fino (ya dijimos que eran manifestaciones del mismo fenómeno) con sus principales autores a favor y en contra[4].

El argumento apareció primero en su forma teológica, como argumento a favor de la existencia de un creador, y ya en el siglo XVIII el teólogo William Paley lo exponía en su Teología Natural. Ante esto, el primero en criticar el argumento del diseño fue el filósofo David Hume, donde expone que el argumento del diseño es solo una analogía, y que una analogía no puede ser una guía adecuada para formular una hipótesis pero no es un criterio válido de prueba o verificación. Más adelante, Richard Dawkins en El relojero ciego expone que aunque la explicación de Hume era lógicamente impecable, necesitábamos de El origen de las especies de Darwin para, dado que habíamos encontrado el mecanismo por el cual la Naturaleza diseñaba naturalmente los seres vivos, pudiéramos descartar definitivamente el argumento del diseño de la biología.

Cerrado ya el tema biológico, el argumento pasó a la física, donde a principios del siglo XX distintos físicos reflexionaban sobre el ajuste fino de diferentes constantes naturales para la posible existencia de la vida, y la hospitalidad del universo para albergar vida.

En los años cincuenta, los filósofos empezaron a hablar del Principio Antrópico Débil, definido formalmente por Barrow y Tipler ya en la década de los ochenta. En 1974 Brandon Carter fue más lejos e introdujo el Principio Antrópico Fuerte. Ambos principios fueron descartados por el análisis probabilístico de Ikeda y Jeffrys que veremos en posteriores secciones.

Aun así, nos encontramos en prácticamente la misma situación que con el desarrollo de Hume. Aunque lógicamente ya se han descartado el principio antrópico y el ajuste fino como falacias, hace falta una teoría en positivo que proponga una buena explicación del ajuste fino de las constantes físicas. Y llegados a este punto, una buena propuesta, aún lejos todavía de ser una verdadera teoría establecida que nos propone una explicación sobre el ajuste fino es el multiverso, que veremos también en secciones posteriores.

En la siguiente entrada veremos el otro argumento usado por los teístas para encontrar a Dios en la cosmología moderna, que no es otro que el de la racionalidad matemática del universo.


 Bibliografía y notas

Auping Birch, J. (2009) Una revisión de las teorías sobre el origen y la evolución del universo, física, metafísica, ciencia ficción y (a)teología en la cosmología antigua y moderna. México D.F., Ed: Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Recuperado el 22-05-2011 de http://www.uia.mx/web/site/tpl-Nivel2.php?menu=mgPublicaciones&seccion=puOrigenuniverso



Weinberg, S. (1999) A Designer Universe? En: New York Review of Books, October 21, 1999. Recuperado el 24-05-2011 de http://www.stephenjaygould.org/ctrl/archive/design/weinberg_designer.html



[1] Weinberg (1999). Una excepción al hecho de aceptar el ajuste fino la representa el físico teórico Steven Weinberg. Podemos ver la explicación de su rechazo a la existencia del ajuste fino en su artículo A Designer Universe?
[2] Auping (2009) p. 476
[3] Estos autores son Colling, González y Richards, Oberhummer y Polkinghorne
[4] Hernández (1999) para una visión ampliada de este desarrollo histórico.

Hernández, P. J. (1999) El argumento del diseño y el principio antrópico. En: El Escéptico, nº 9, verano 2000. Recuperado el 11-05-2011 de http://astronomia.net/cosmologia/antropico.htm.

Oberhummer, H. (2008) Kann das alles Zufall sein - Geheimnisvolles Universum? Salzburg, Ed. Ecowin-Verlag.

jueves, 30 de junio de 2011

Encontrando (o no) a Dios en la cosmología moderna (parte II): El problema del origen

¿Es Dios relevante? ¿ Es Dios oportuno?: El problema del origen

Al hacer filosofía, hay varias preguntas que se repiten. Una de ellas es el problema del origen, presentado de diversas formas según la corriente religiosa, filosófica o incluso científica que lo trate. Intenta responder principalmente a la famosa pregunta de Leibniz de ¿Por qué existe algo y no más bien nada? De una manera metafísica, todos los modelos cosmológicos convergen en este problema. Ante este problema metafísico, podemos proponer cinco conclusiones[1]:

I. El Universo es el conjunto de todos los objetos, eventos y conjuntos de eventos realmente existentes que no son causados por sí mismos.
II. El Universo pertenece al conjunto de objetos, eventos y conjuntos de eventos que pertenecen a sí mismos.
III. El Universo no es causado por sí mismo, sino por una causa externa que no pertenece al Universo.
IV. La causa del Universo es causa de sí misma.
V. La ciencia analiza las relaciones causales entre ciertos eventos llamados ‘efectos’ y otros eventos llamados ‘causas’, de modo que investiga eventos que no son causados por sí mismos. En consecuencia, el Universo y todo lo que contiene es objeto de la investigación científica, pero la causa u origen del Universo no es objeto de la investigación científica, sino que representa un problema metafísico.

Ante esto, es importante señalar que el universo siempre tiene una causa, y esta causa es causa de sí misma. El estudio de esta causa no entra dentro del estudio del universo, ya que es una causa incausada que existe fuera de lo cognoscible. Por tanto, los argumentos tanto a favor como en contra de la existencia de Dios no deben tomarse como pruebas o refutaciones de la existencia de Dios, sino como una presentación de indicios que hacen razonable pensar (o no) en Dios como precisamente esa causa incausada.

Como respuesta a este enigma metafísico, caben principalmente dos respuestas: el universo tiene una causa inteligente o no tiene una causa inteligente. Y aquí precisamente es donde Dios adquiere su relevancia, al ser una alternativa metafísica posible al origen de la causa incausada. Sin embargo, hay otras posibles opciones. Bien el universo puede tener una causa inteligente, pero esta no tiene que ser el conocido Dios personal de las religiones monoteístas, sino un concepto de Dios (o bien de Inteligencia Superior, orden cósmico, etc, para no herir susceptibilidades con el nombre) mucho más amplio, que no se corresponde con el transmitido por las religiones monoteístas. La última opcion es que la causa del universo no sea inteligente. Lo interesante es que, cuando son los cosmólogos los que se aproximan a esta pregunta, sus teorías cosmológicas reflejan las distintas opciones metafísicas como respuesta al enigma Leibniziano, acotadas siempre por la falsabilidad popperiana a la que se ven sometidos en tanto que científicos. Recojamos en forma de tabla la respuesta metafísica que diferentes cosmólogos actuales y pasados han dado a esta pregunta[2]:


Puntos de vista de diferentes cosmólogos
El universo tiene causa inteligente
El universo no tiene causa inteligente
La causa inteligente es el Dios personal de las religiones monoteístas
González & Richards,
Lemaitre,
Leislie,
Newton,
Oberhummer,
Polkinghorne,
Smoot

La causa inteligente no es el Dios personal de las religiones monoteístas
Davies,
Einstein,
Hoyle

Sin causa inteligente (y por tanto, sin Dios)
Normalmente, el modelo cosmológico elegido es el multiverso.

Barrow & Tipler,
Guth & Linde,
Smolin,
Susskind,
Bonner,
Livio,
Weinberg


Los cosmólogos concentrados en la parte superior izquierda suelen tener argumentos sacados de la cosmología más actual para argüir indicios a favor de la existencia de un Dios al estilo de las religiones monoteístas. Principalmente, existen tres tipos de argumentos, que estudiaremos más detenidamente en las siguientes secciones: el ajuste fino del universo y la racionalidad matemática del universo.

Los cosmólogos que nos encontramos en medio de la tabla suelen tener una concepción más orientalista de Dios, donde este sería más bien un conjunto de reglas o leyes con algún nivel de autoconsciencia encargado de mantener el orden cósmico.

Por último, los de abajo a la derecha de nuestra tabla suelen elegir el modelo del multiverso, que es, hasta el momento, el único modelo cosmológico que satisface la respuesta metafísica alternativa posible de un universo sin causa inteligente, de acuerdo con lo que sabemos. Este modelo del multiverso y lo que dicen de él y sus implicaciones metafísica los autores citados en la tabla lo veremos en posteriores entradas, aunque podremos ver citados a estos autores como críticos de los argumentos indicativos de la existencia de un Dios que veremos a más adelante.

Bibliografía

Auping Birch, J. (2009) Una revision de las teorias sobre el origen y la evolucion del universo, fisica, metafisica, ciencia ficcion y (a)teologia en la cosmologia antigua y moderna. México D.F., Ed: Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Recuperado el 22-05-2011 de http://www.uia.mx/web/site/tpl-Nivel2.php?menu=mgPublicaciones&seccion=puOrigenuniverso.




[1] Auping (2009) p. 475. Para una explicación completa del desarrollo lógico de estas conclusiones, ver Auping (2009) pp. 467 - 475
[2] Auping (2009) p. 493, aunque algo modificada por mi.

miércoles, 29 de junio de 2011

Encontrando (o no) a Dios en la cosmología moderna (parte I): Interacción entre ciencia y teología

Abriremos con esta una serie de entradas dedicadas a la relación de Dios con la cosmología actual, presentando los argumentos más habituales que se dan a favor de la existencia de Dios apoyados en la cosmología y también los argumentos en contra de la existencia de Dios apoyados en ella.

El objetivo de este trabajo es plantear las diversas reflexiones, tanto de teólogos como de ateístas, sobre Dios a la luz del conocimiento cosmológico de la ciencia actual. Para ello, empezaremos por hablar sobre la relación entre ciencia y teología necesaria para posibilitar este diálogo. Si ambos campos del saber fueran totalmente independientes y las preguntas sobre Dios no fueran oportunas desde un punto de vista científico, o si los desarrollos científicos no tuvieran influencia alguna sobre la teología, este trabajo carecería de sentido.