sábado, 3 de septiembre de 2011

Encontrando (o no) a Dios en la cosmología moderna (parte V): El hombre y su deseo de dios, argumentos en contra


3. El hombre y su deseo de dios, argumentos en contra

Veremos en esta sección los contraargumentos de los ateístas a los argumentos vistos en la sección anterior. Como en otras ocasiones se ha hecho tanto en ciencia como en filosofía, muchas de las soluciones propuestas por estos filósofos son en realidad convertir el problema planteado en pseudo-problema, eliminando así su posible respuesta o reflexión. Terminaremos la sección con un modelo natural que tiene la habilidad de superar todos los problemas planteados desde la teología, pero usando un punto de vista naturalista. Este modelo no es otro que el del multiverso.

3.1 El problema del origen de Grunbaum[1]

Decía Kuhn en su revolucionario (valga la redundancia) libro La estructura de las Revoluciones Científicas, que una forma válida de resolver un problema es cambiar el paradigma desde el cual se evalúa ese problema hasta hacerlo innecesario, es decir, convertir un problema en un pseudo-problema[2]. Brillantes ejemplos de esto los hemos tenido en los comentarios de texto anteriores de la asignatura con la resolución del problema de los planetas del universo de las dos esferas por parte de la cosmología copernicana y la resolución del problema de la acción a distancia de Newton por parte de la cosmología relativista.

El autor en este caso analiza el argumento del origen, planteándolo en su forma original en modo de premisa y conclusión. Dado que todo tiene causa, podemos deducir que el universo físico como un todo tiene un principio hace un tiempo finito, como resultado de un acto de creación de la nada por parte de una causa consciente externa. Y esta causa externa, siguiendo la tradición teológica, la llamamos Dios.

Grunbaum analiza lo que él considera como las falacias más comunes cuando nos encontramos con el problema del origen:

  • En el caso de la premisa, hablamos de causa en el sentido físico del término, causas que conducen a transformaciones de materia o energía y que son bien estudiadas y conocidas por la ciencia, y que en ningún caso implican la creación de materia o energía ex nihilo. En el caso de la conclusión, esta causa consciente externa, identificada en Dios por la tradición teológica, necesita el requisito de la creación de la nada, ya que es el total del universo lo que se debe crear. Independientemente de que la creación sea del universo físico en sí o bien de las condiciones iniciales que posibiliten una creación (la creación de las leyes físicas y condiciones de contorno), en ambos casos debería darse una causa que crea ex nihilo. Dado que el concepto de causa usado en la conclusión del argumento del origen es distinto al concepto de causa usado en la premisa, no se puede inferir deductivamente la conclusión de la premisa.
  • No existe ninguna prueba que nos indique a pensar que una cadena causal tenga que ser finita. La aserción gratuita de que la causalidad requiere una causa incausada induce a la conclusión de que el universo debe tener un primer instante de tiempo, en vez de proyectar un pasado en el que cada instante tenga un predecesor temporal. Pero la causalidad es lógicamente compatible con cadenas de causas físicas que se extiendan indefinidamente en el tiempo.
  • Cualquier hipótesis que sobrepase todo nuestro entendimiento no tiene simplemente significado para nosotros, y no puede ser ofrecida como una explicación causal. Si, como proclaman algunos teólogos, la creación de la nada está fuera del entendimiento humano, entonces la hipótesis de que así ocurriera no puede explicar nada en absoluto.

Pasemos ahora, teniendo en cuenta esto, el problema del origen a la luz de la Teoría del Big Bang, en su versión clásica o pre-cuántica. En la versión cuántica, la teoría también resuelve el problema del origen, como veremos en la sección titulada El Dios no necesario de Hawking. Otra teoría en cierta forma derivada del Big Bang que también resuelve estos problemas es la del multiverso, que también veremos en su correspondiente sección más adelante (El multiverso como modelo heurístico superior).

Si los teólogos toman el modelo del Big Bang como verdadero, preguntas del tipo ¿qué pasó antes del instante t=0?¿qué causó que la materia fuera creada en t=0?, etc. carecen de sentido, ya que niegan la base fundamental de la teoría, que descansa sobre el principio de conservación de la materia y la energía. Tampoco se puede hablar por tanto de un t=0 como un instante en el que se anulan las leyes y principios de la física. Por tanto, al no existir instante t=0, tampoco podemos hablar de creación de materia ex nihilo, ya que la materia ha existido siempre, entendiendo siempre como cualquier momento donde exista verdaderamente el tiempo (es decir, t>0).

3.2 El principio antrópico de Ikeda y Jeffreys[3]

Hemos visto en la sección sobre el ajuste fino (el mismo problema que el principio antrópico o el diseño inteligente, como ya vimos) de las constantes de la física es un indicio del origen supernatural del universo para muchos autores. Ya que el rango que toman estas constantes es muy pequeño, y que estos valores son necesarios para la existencia de vida, y de que existe esa vida, podríamos llegar a pensar que la probabilidad de que el universo existiera precisamente con estos valores que posibiliten la vida sería tan pequeña que tendríamos que buscar una causa supernatural para explicar su origen. Sin embargo, Ikeda y Jeffreys se oponen a este argumento dándole la vuelta a la tortilla, y nos dicen que no solo no hace falta una causa supernatural, sino que la existencia de un ajuste fino del universo (esto casi nadie lo discute, como vimos) solo puede darnos indicios de precisamente lo contrario, es decir, de que no hay ninguna causa supernatural.

Para ello parten de tres premisas:

  1. Nuestro universo existe y contiene vida.
  2. Las condiciones de nuestro universo son tales que permiten o son compatibles con la existencia de vida de forma natural.
  3. La vida no puede existir en un universo solo gobernado por leyes naturales, a menos que este universo tenga condiciones que permitan esta vida.

Ante ello, existen dos posibilidades. O bien (2) es falsa, por lo tanto como (1) y (3) son verdaderas, deberíamos buscar la razón del ajuste fino y de la vida en una causa externa y consciente, llamado Dios, fuera de las leyes naturales. Por el contrario, si (2) es verdadera, siendo (1) y (3) también verdaderas, las condiciones de nuestro universo son por definición tales que permiten la vida, y no existe la necesidad de buscar el ajuste de estas condiciones por un agente externo.

Sin embargo, estamos cayendo en una falacia de la probabilidad. Estamos asumiendo que el hecho de que el universo exista y contenga vida es algo probabilístico, cuando en realidad sabemos que es un dato. Por otro lado, no conocemos el universo total de sucesos, es decir, no sabemos cuantos universos con distintas constantes existen, ni sabemos cuantos intentos anteriores de universos existieron, que cumplían o no cumplían con la condición (1). Sin tomar en cuenta estos dos puntos, todo análisis probabilístico carece de sentido, o conlleva unos márgenes de error bastante grandes. Se cae en este sentido en la conocida como falacia de la escalera de color, que nos dice que:


(A) Tengo una escalera de color.
(B) Voy a ganar la mano al póquer.

Vemos como la probabilidad de ganar con una escalera de color cualquier mano de póquer es prácticamente nula (es decir P(A/B) es casi cero, ya que la gran mayoría de las manos en póquer se ganan con jugadas que no son la escalera de color. Sin embargo, podemos comprobar que P(B/A) es prácticamente 1, es decir, que en el caso de tener en nuestra mano una escalera de color, se puede prácticamente decir que hemos ganado esa mano concreta. Justamente esto es lo que hacemos con el ajuste fino del universo, decimos que la probabilidad de que el universo existiera y contuviera vida es muy pequeña, y como la probabilidad de ello es pequeña, creemos que también es pequeña la probabilidad de que se den las condiciones para ello. Sin embargo, ya vivimos en un universo que existe y que contiene vida, es decir, como esta condición ya está aceptada, cumplir la condición de que la probabilidad de que se den las condiciones para que exista la vida son muy grandes es prácticamente trivial. Por tanto, queda demostrado que el principio antrópico es una falacia.

3.3 El Dios no necesario de Hawking

Veamos ahora la opinión de uno de los físicos teóricos más prominentes del siglo XX. No hablamos de otro que Stephen Hawking, con varias contribuciones importantes a la Teoría de la Relatividad de Einstein y al entendimiento de los agujeros negros vistos bajo el prisma de la Teoría Cuántica y la Teoría de la Relatividad, demostrando que pueden emitir radiación.

Como muchos de los grandes hombres de ciencia, también tiene opiniones metafísicas sobre el universo. Sin embargo, es curioso la evolución de la idea de Dios en Hawking, puesto que mientras más información tenía acerca de las condiciones iniciales del universo, más disminuían las posibilidades de la existencia de Dios para él. Así, en Breve historia del tiempo escribía: “(...) si descubrimos una teoría completa, con el tiempo habrá de ser, en sus líneas maestras, comprensible para todos y no únicamenta para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y la gente corriente, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el universo y por qué existimos nosotros. Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios.[4]. Hawking nos presentaba en 1988 (año del libro original) un conocimiento del universo incompleto, en búsqueda de una teoría del todo. En él no descartaba un Dios que hubiera creado las leyes por las cuales se rige el universo, aunque descartaba una intervención divina posterior.

Sin embargo, Hawking siguió contribuyendo al conocimiento físico e informándose de los desarrollos de otros, y año tras año su mensaje se podía entender como cada vez más ateísta. Así hasta llegar a  su último libro, El gran diseño, donde Hawking nos dice que la humanidad ya ha encontrado la teoría del todo que andábamos buscando, la (todavía muy especulativa) teoría M, ocupando el hueco de duda que había sobre la existencia de Dios. Vemos que para Hawking “(...) como hay una ley como la de la gravedad, el universo puede ser y será creado de la nada (...). La creación espontánea es la razón por la cual existe el universo. No hace falta invocar a Dios para encender las ecuaciones y poner el universo en marcha. Por eso existe algo en lugar de nada, por eso existimos (...) La teoría M es la teoría unificada que Einstein esperaba hallar. El hecho de que nosotros, los humanos – que somos, a nuestra vez, meros conjuntos de partículas fundamentales de la naturaleza -, hayamos sido capaces de aproximarnos tanto a una comprensión de las leyes que nos rigen a nosotros y al universo es un gran triunfo. Pero quizás el verdadero milagro es que consideraciones lógicas abstractas conduzcan a una teoría única que precide y describe un vasto universo lleno de la sorprendente variedad que observamos. Si la teoría es confirmada por la observación, será la culminación de una búsqueda que se remonta a más de tres mil años. Habremos hallado el Gran Diseño.”[5]Hawking propone apostar por una de las teorías cuánticas del universo, la teoría M, la cual resuelve todos los problemas tratados anteriormente. El único problema de esta teoría es que no está lo suficientemente probada.

Es otra teoría cuántica que resuelve todos los problemas descritos anteriormente. Nuevamente, como pasaba con la teoría M, el problema es que no se ha verificado experimentalmente (aunque en la actualidad se están empezando a encontrar experimentos teóricos que posibilitarían su falsabilidad). Esta teoría del multiverso está encuadrada dentro de la teoría del Big Bang inflacionario, creada a principio de los ochenta por el físico Alan Guth. Este modelo añade a las características del Big Bang clásico una última característica, que nos dice que en sus épocas primordiales, el universo soportó oscilaciones acústicas. Es decir, se expandió de una forma mucho más rápida de lo que lo hace ahora. Esta enorme tasa de expansión proviene de pequeñas regiones de falso vacío, que de acuerdo a teorías cuánticas de campos, presentarían un efecto gravitatorio repulsivo que resulta de una combinación de las propiedades peculiares de este falso vacío y de las ecuaciones de la Relatividad General[6].

En este contexto, se nos presenta una teoría con una explicación completamente naturalista del universo, sin lugar para un creador. Así, el ajuste fino de las constantes naturales fueron fruto del azar a medida que el universo se expandía. Esta expansión del universo provocó diferentes burbujas o universos completamente independientes los unos de los otros. Simplemente tenemos la suerte de vivir en uno de estos universos donde las constantes son propicias para el desarrollo de la vida. Al conjunto de estas burbujas o universos diferentes, paralelos y extraños entre sí que conforman el universo se le llama multiverso[7].

Vemos que esta teoría nos da solución tanto al problema del origen como al de la racionalidad matemática del universo, al provenir ambos del azar generado en la expansión. También nos resuelve el problema del diseño o principio antrópico de la forma que apuntaban Ikeda y Jefferys, es decir, haciendo que el universo de sucesos sea tan grande que el hecho de tener constantes que permitan el desarrollo de la vida es un mero hecho estadístico.

Así, este multiverso presenta una heurística superior a todos los modelos anteriores, ya que no solo explica y resuelve los problemas planteados por los teólogos y los científicos de manera satisfactoria, sino que lo hace de una manera naturalista sin tener que apelar a la intervención divina. Tanto es así que el físico Lee Smolin[8] propone que esta teoría del multiverso es el equivalente cósmico de la teoría de la evolución de Darwin, en el sentido que, aunque los argumentos de Ikeda y Jefferys sobre el principio antrópico lo destierran desde un punto de vista lógico, el ser humano necesita completar el vacío que supone la invalidez de una teoría con otra explicación positiva que la resuelva.


[1] Grünbaum (1989) para su interesante artículo completo, cuya postura resumo en esta sección.
[2] Kuhn (1975) pp. 41-42
[3] Ikeda & Jefferys (1997) para su artículo completo, cuya postura resumo en esta sección.
[4] Hawking (1993) p. 224
[5] Hawking & Mlodinow (2010) pp. 203-204
[6] Hernández (1999)
[7] Gonzalo (2005) para una ampliación detallada del Big Bang inflacionario y la teoría del multiverso.
[8] Smolin & Susskind (2004)
[9] Polkinghorne (2001) p. 175
[10] Maqueda Martín (2011) Para un comentario más extenso de la teoría del estado estacionario y sus implicaciones filosóficas.
[11] Gonzalo (2005) p. 6 - Se refería al Papa Pío XII, el cual, al corriente de la seria consideración que muchos científicos
habían dado a la teoría de la Gran Explosión, dijo "La verdadera ciencia, cada vez más, descubre a Dios como si Dios estuviera esperando tras cada puerta que la ciencia abre".
[12] Auping (2009) pp. 486-511 para ver en más profundidad la tesis de que Dios debe estar detrás de los modelos multiversos si se quiere que estos sean coherentes.

Bibliografía

Auping Birch, J. (2009) Una revisión de las teorías sobre el origen y la evolución del universo, física, metafísica, ciencia ficción y (a)teología en la cosmología antigua y moderna. México D.F., Ed: Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Recuperado el 22-05-2011 de http://www.uia.mx/web/site/tpl-Nivel2.php?menu=mgPublicaciones&seccion=puOrigenuniverso.


Gonzalo, J. A. (2005) Inflationary Cosmology Revisited. An Overview of Comtemporary Scientific
Cosmology After the Inflationary Proposal. Singapur, Ed. World Scientific Publishing


Grünbaum, A. (1989) The Pseudo-Problem of Creation in Physical Cosmology. Philosophy of
Science, Vol. 56, nº 3, Septiembre 1989, pp. 373-394. Recuperado de

Hawking, S. (1993) Historia del tiempo. Del Big Bang a los agujeros negros. Barcelona, Ed. RBA Editores.

Hawking, S. & Mlodinow, L. (2010) El Gran Diseño. Barcelona, Ed. Crítica S.L.

Hernández, P. J. (1999) El argumento del diseño y el principio antrópico. En: El Escéptico, nº 9, verano 2000. Recuperado el 11-05-2011 de http://astronomia.net/cosmologia/antropico.htm.



Ikeda, M. and Jefferys, B. (1997) The Anthropic Principle Does Not Support Supernaturalism. En The Improbability of God, pp. 150-166. Recuperado de  http://quasar.as.utexas.edu/anthropic.html  el 1-6-2011.


Kuhn, T.S. (1975) La estructura de las revoluciones científicas. Madrid y México, Ed. Fondo de Cultura Económica.

Maqueda Martín, E. (2011) Comentario de Texto número 3 sobre un texto de H. Bondi. Asignatura Pensamiento Cosmológico, Máster de Filosofía Teórica y Práctica. UNED. Recuperado el 18-5-2011 de http://mifilosofiacasera.blogspot.com/2011/05/universo-del-estado-estacionario-de.html


Polkinghorne, J. (2001) Understanding the Universe. En: Annals of the New York Academy of Sciences, Volume 950, Cosmic Questions, pp. 175-182. Recuperado el 28-05-2011 de http://www.scribd.com/doc/31502694/JOHN-POLKINGHORNE-Understanding-the-Universe


Smolin, L. & Susskind, L. (2004) Smolin vs. Susskind: The Anthropic Principle. En: Edge, The Third Culture, on 18-08-2004. Recuperado el 6-6-2011 de http://www.edge.org/3rd_culture/smolin_susskind04/smolin_susskind.html